Dedicado a mi preciosa hija, Sarah Marian
La experiencia de ser madre

El día que supe que venias a ser parte de nuestras vidas, quise prepararme. Después de tomar un curso psicoprofiláctico creía estar preparada para ser madre. Pero después de que llegaste, me di cuenta de que ni siquiera había imaginado qué es ser madre. Por mas que todos hubieran dicho mil cosas sobre como cuidar a un bebe yo veía que ninguna teoría se encajaba en tu forma de reaccionar a cada nuevo día.
Siempre me había imaginado siendo tu mamá ya cuando fueras mas grande, pues para mi los recién nacidos eras caritas indefinidas cuyas vidas estarían envueltas en cobijitas hasta que empezaran a emitir sonidos y reaccionaran a los estímulos del mundo. Pero cuando te vi por primera vez y escuche tu llantito de llegada a esta vida ¡todo cambio por completo! El doctor te trajo a mis brazos y de repente te calmaste y te sentiste segura de nuevo, junto al cuerpo que te guardo por 9 meses, sentiste el latido de mi corazón lleno de euforia y amor y te relajaste por fin. Desde ese momento supe que tu y yo siempre estaríamos unidas, conectadas una con la otra y felices. Ahí estabas, lo mejor de mí y de tu padre.
Durante estos primeros meses he descubierto sobre ti y también me redescubrí a mi misma. Antes de ser madre, primero importaba yo y hacía lo que quería: dormir, comer, salir, etc., desde que supe que estabas viviendo dentro de mi tome todos los cuidados para que te desarrollaras saludable y fuerte, leí sobre parto, nacimiento, los primeros días de los bebés, que hacen, que no hacen y todo lo demás. Pero en ningún lado había tu manual de instrucciones. Así que desde tu primer día en nuestra casa, percibí que al mismo tiempo en que naciste, yo nací como tu madre.
Por mas cansada que estuviera -y aun esté- no hubo ni siquiera una noche donde me quedara dormida al amamantarte. Aun sigo observando la ternura de tus gestos, tus manitas agarradas de las mías o acariciándome, tus ojitos dormidos en una expresión de angelito que desde el inicio se te ve en tu rostrito. Y aunque haya vuelto a trabajar por algunas horas del día, cada instante de mi vida es basado en ti. La prisa diaria al bañarme, lavar biberones, esterilizarlos, hervir tu agua, lavar tu ropita, hacer tus papillas, hacer mi comida, lavar trastes, limpiar la casa y otras tareas es alimentada por mi gigantesca dedicación a ti. Tu sonrisa y tu mirada son el aliento de mis madrugadas despierta, son la compensación por todos los esfuerzos que hago por atenderte. Se que lo que siento y vivo como tu mama no siempre es lo que sucede a otras mama. Muchas tienen a sus bebes y nada mas los crecen sin disfrutar los detallitos que me llenan de felicidad.
Con el cuidado de no maleducarte, te lleno de apapachos todo el tiempo, y me doy cuenta de que ya no soy yo el centro de mi vid, sino tú. Quiero protegerte de todo lo que pueda dolerte, antes que la vida se encargue de enseñarte las lecciones. Pero cuando lleguen esas horas, estaré a tu lado para de nuevo sostener tu mano, acariciarte, enseñarte todo lo que he aprendido en mi viaje por la vida. Al fin y al cabo, ahora veo que todo mi aprendizaje me servirá para orientarte y acompañarte en tu propio paseo por este planeta. Mi amor por ti rebasa definiciones y limites, este amor infinito me fortalece para que yo pueda ser la mejor mamá que mereces tener. Y después que crezcas y de niña te transformes en mujer, siempre serás el "Maravilloso pedazo de Mí". ¡Gracias, mi amada hija, por las bendiciones de hacerme tu madre!

Elaine Pinheiro Ramos