La experiencia de ser madre
Así como a nuestro Dios Jehová le bastaron siete días para construir el universo, siete bendiciones recibí en mi vida.
Cada dolor que sentí cuando ellas nacieron me hicieron comprometerme a cuidarlas y protegerlas aun a costa de mi propia integridad.
Todas nacidas con partera del pueblo, sin administrarme anestesia alguna, no me hacía desfallecer, por el contrario, crecía en mí el valor y el orgullo que solo una madre puede sentir.
No puedo negar que fue sumamente difícil salir adelante con tantas hijas y más aun cuando me quede sola sin el apoyo de un hombre; a tal grado que no falto quien me pidiera que le regalara una de las niñas que con tanto esfuerzo yo les llevaba de comer.
¡Pero caramba! Como pensar en regalar un ser que creció en mis entrañas, que se alimentó de mi sangre, que me dolió parir. No, no, no, no puedo ni siquiera imaginarlo.
Solo Dios sabe todos los pesares que sufrí todos los días que me dormí con hambre por tal de que mis niñas pudieran comer.
Pero que gran satisfacción sentía al verlas crecer. Nunca me canse de decirles que estudiaran mucho, que no quería que sufrieran como yo.
No se de donde saque tantas fuerzas para tener mano dura con ellas, todo para que fueran personas de bien.
La vida me ha recompensado, el esfuerzo que invertí en cada una de ellas ha dado frutos.
Lo que viví y lo que sufrí lo volvería a pasar.
Gracias Jehová Dios por darme la oportunidad de vivir ¡La experiencia de ser Madre!
María Paula Cal Pech